«No damos lo que nos sobra; compartimos todo lo que tenemos», afirmó el Dr. Julio Medina, director de un programa médico cubano a las afueras de La Habana que trató a niños de Chernóbil, en un artículo publicado en mayo de 2009 en The Guardian. «Es sencillo».
Hoy, poco tiempo
después de que médicos cubanos viajaran por el mundo tratando a los
pacientes del COVD-19, sigue siendo sencillo. Es, como lo fue antes el
programa de Chernóbil, «un compromiso de solidaridad».
Sin
embargo, Cuba no carece de casos de la pandemia vírica en casa. De
hecho, la Campaña de Solidaridad con Cuba (CSC), con sede en el Reino
Unido, creó hace unos años una recaudación de fondos para «proporcionar
ayuda médica urgente para ayudar a Cuba durante la pandemia de
coronavirus», y en concreto para comprar «respiradores, kits de pruebas y
equipos de protección personal para apoyar a los trabajadores
sanitarios cubanos en la lucha contra el COVID-19 en la isla».
El CSC, Code Pink, el actor Danny Glover y otros están
pidiendo al Comité Nobel, a través de una petición, que conceda a los
médicos cubanos -conocidos como la Brigada Henry Reeve- el Premio Nobel
de la Paz, no sólo por sus esfuerzos de hoy, sino por sus anteriores
misiones de rescate cuando el ébola golpeó en África Occidental, y el cólera en Haití.
Sin
embargo, la historia de la participación de Cuba en la ayuda a los
niños de Chernóbil es menos conocida, si es que se conoce. Fue un
programa gratuito que duró la friolera de 21 años, desde 1990. En
2019 se reanudó, esta vez para ayudar a «los hijos e hijas de las
víctimas, que presentan dolencias similares a las de sus padres», según
Miguel Faure Polloni, que escribe en Resumen.
El improbable viaje de los niños de Chernóbil fue narrado vívidamente en un premiado largometraje de 2018 de Cuba –Un traductor–
que nos trajo la historia real dramatizada de un profesor cubano de
Rusia que se encuentra con la orden de reportarse a un hospital en lugar
de su salón de clases, allí para servir como traductor para «los
pacientes de Chernóbil» y sus familias.
Beyond Nuclear tuvo el honor de asociarse con el Goethe-Institut DC y la Heinrich Böll Stiftung, Washington, DC para presentar Cuba, Chernóbil y COVID-19: un evento online en 2020. Los directores de Un traductor
-Sebastián y Rodrigo Barriuso- hablaron de su película y de la
conmovedora historia real que se esconde tras ella y que dio lugar a que
más de 25.000 niños de Chernóbil recibieran tratamiento en Cuba.
Les acompañaron la historiadora y escritora Kate Brown y la cofundadora
de Code Pink, Medea Benjamin.
¿Por qué estaban en Cuba los niños de Chernóbil? ¿Y por
qué siguieron viniendo durante más de dos décadas, para ser seguidos
ahora por sus propios hijos? Kate Brown, autora de Manual de supervivencia. A Chernobyl Guide to the Future,
es la más indicada para responder a esta pregunta, ya que ha llevado a
cabo una exhaustiva investigación sobre el tema. Su libro desmonta el
mito de que sólo 54 liquidadores murieron a consecuencia del desastre
nuclear de 1896 en Ucrania, entonces parte de la Unión Soviética.
Como muestra la película, los niños siguieron llegando a Cuba, en gran
parte desde Ucrania, incluso cuando la propia isla empezaba a sentir las
garras de la austeridad. Con el desmoronamiento del Muro de Berlín y de
la Unión Soviética, Cuba sufrió una crisis económica que incluyó
escasez de alimentos y gasolina. Pero, como dijo el Dr. Medina a Telesur
en 2017: «Aunque Cuba soportó tiempos económicos difíciles durante el
Período Especial, nuestro país continuó brindando atención médica
especializada a esos niños.»
Las primeras víctimas sufrían principalmente de cáncer de tiroides y leucemia,
pero con los años los médicos y enfermeras en Cuba trataron más
comúnmente la hiperplasia tiroidea, el vitíligo y la alopecia. Los niños
también sufrieron considerables traumas psicológicos relacionados con
sus afecciones. En Tarará, el hospital a las afueras de La Habana que se
convirtió en el centro de tratamiento de las víctimas de Chernóbil, los
niños también recibían educación y se les dejaba tiempo para disfrutar
de la playa en lo que fue un complejo turístico aristocrático bajo el
régimen batista que la Revolución Cubana derrocó.
Hoy, mientras Cuba gestiona la novedosa pandemia de
coronavirus en casa mientras trata a miles de pacientes en el
extranjero, varios senadores republicanos, con el apoyo de la Casa
Blanca, lideran un intento de sabotear esos esfuerzos. Como escribe Code
Pink, «la administración Trump ha estado demonizando el programa médico
de Cuba e intensificando su bloqueo contra Cuba, llegando incluso a bloquear un envío de suministros médicos muy necesarios para el coronavirus.»
La «demonización» incluye caracterizar los esfuerzos en el extranjero
del personal médico cubano como equivalentes al «tráfico de personas»,
con Estados Unidos advirtiendo a otros países que no utilicen sus
servicios.
El bloqueo económico y financiero de Estados Unidos
contra Cuba ha durado casi 60 años. Ahora, son numerosos los
llamamientos para que se ponga fin a él, incluidos los de los relatores
especiales de la ONU, que afirmaron en una declaración que «la falta de
voluntad del Gobierno de EE.UU. para suspender las sanciones puede
conducir a un mayor riesgo de este tipo de sufrimiento en Cuba y otros
países objeto de sus sanciones».
Michael Thoss, mediador cultural
y representante del Goethe-Institut en La Habana, señaló que mientras
los servicios médicos de Cuba son gratuitos para su población, los
medicamentos escasean como consecuencia del bloqueo estadounidense.
Y en un artículo para Der Tagsspiegel Thoss señaló la
ironía: «Mientras EE.UU. ejerció una mayor presión sobre las empresas
farmacéuticas en la crisis de la corona para que no suministraran
medicamentos y equipos respiratorios a la población cubana, las
delegaciones médicas de Cuba enviaron una señal de solidaridad
internacional».
Y como escribió la doctora Doreen Weppler-Grogan, del CSC, en una carta de junio de 2019 a The Guardian, Cuba respondió a la crisis médica de Chernóbil como una cuestión «ética y moral». «Ningún otro país del mundo», señaló, “lanzó un programa tan masivo”.
Artículo publicado originalmente en Beyond Nuclear International. Traducción de Raúl Sánchez Saura.
Fuente: https://www.elsaltodiario.com/desconexion-nuclear/cuba-chernobil-covid-19